Decía Robert Walser, el escritor suizo autor de “El Paseo”, que cuando subía y bajaba en un ascensor se sentía un hombre de su tiempo. El comentario no es baladí, Walser vivió una época de cambios constantes en la primera mitad del siglo pasado… y el simple hecho de subir y bajar en un ascensor le parecía un acto de modernidad absoluto.

Hoy la realidad nos lleva por otros derroteros, hoy no estamos ante una época de cambios, hoy estamos inmersos en un cambio de época. La sociedad, la tecnología, las relaciones personales, la educación, el ocio, todo se transforma a una velocidad que muchas veces no somos capaces de asimilar, todo es ya, ya es ahora, ahora es ayer. En este entorno agitado y efervescente nace Kikirikí, un espacio que es algo más que cuatro paredes en el centro de Madrid, algo más que unas bonitas vistas al Palacio de Oriente, algo más que una ludoteca o un sitio donde celebrar cumpleaños…Kikirikí nace con la vocación de ser un proyecto educativo integral, donde niños y niñas aprendan y sobre todo jueguen, y jueguen y jueguen y que al día siguiente quieran volver porque se lo pasan bien, porque disfrutan. Kikirikí nace con el espíritu de ser un lugar de encuentro, de convivencia, de aprendizaje, de creatividad.

Queremos que cuando nuestros niños y niñas sean hombres y mujeres del futuro y se suban a un coche de autónomo de Google sepan y entiendan lo que está pasando…y que si en vez de coger ese coche autónomo que se conduce solo deciden ir caminando o en bicicleta lo hagan disfrutando de cada pisada, de cada pedaleada… y que jueguen y jueguen y jueguen…