En nuestra sociedad está muy extendida la idea de que educar es conseguir que los niños y las niñas se conviertan en adultos cuanto antes. Para eso se les somete a unos timings casi tan estrictos como los de un alto ejecutivo (dejar el chupete, controlar los esfínteres, dormir y comer sin ayuda, ir andando a los sitios, etc). Y aquí es cuando vienen los problemas, porque estos timings los marcan las necesidades de la sociedad, no las de los niños y las niñas. Esto hace que resulte complicado cumplir con ellos y produce mucha frustración en las familias (tanto en los padres y las madres como en los hijos y las hijas). Sin embargo, si nos centramos en ellos atendiendo a sus necesidades en cada etapa, conseguiremos educarles de una manera sana, comprensiva y respetuosa que les convertirá (cuando les toque) en adultos sanos, compresivos y respetuosos.